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Cambiar la vida de miles de personas con algunos clicks

Cientos de personas en el mundo han encontrado la solución a problemas concretos gracias a la plataforma Change.org. Desde lograr que el Parlamento de su país apruebe una Ley de acceso a determinados medicamentos, hasta obtener el pago de una pensión atrasada o que empresas multinacionales colocaran baños accesibles en sus locales, entre otros tantos ejemplos.

 

Change.org es una “plataforma cívica que permite hacer peticiones ciudadanas”. 

Así la define su representante en Buenos Aires, Gastón Wright, quien recientemente brindó una exposición en nuestro país invitado por la Red Uruguaya de Ciudades Sustentables.

Change tiene su sede en Londres y más de 74 millones de usuarios a nivel mundial, mientras que en Uruguay registra unos 100.000 usuarios activos. 

En América Latina tiene sedes en Buenos Aires, Brasil y México. 

“La idea es desde la Red impulsar y potenciar este sistema. Creo que la sociedad uruguaya es muy permeable a este tipo de iniciativas cívicas”, opinó 

Wright, quien explicó además que el sitio pretende ser “una plataforma libre para generar cambio social”. 

Change funciona del mismo modo que la recolección de firmas que habitualmente observamos en la vía pública, pero con un nivel de viralización “extremadamente rápido y potente”, agregó.

En este sentido, informó que un estudio en Argentina mostró que, un partido político u organización, tarda entre 48 y 72 horas en conseguir 10.000 firmas recolectándolas en la calle. Mientras que una petición en Change alcanza esa cifra en cuatro o cinco horas.

El uso del sitio web es muy sencillo e implica contar la historia sobre la cual se desea hacer la petición, cuál es el problema, qué se quiere cambiar y cuál sería una posible solución. Además, se debe identificar quién o quiénes son los destinatarios de la solicitud con nombre, apellido y correo electrónico (si se tiene).

Las primeras 500 firmas llegan una por una a ese funcionario, jerarca o empresa en cuestión.

“Luego, la plataforma manda al destinatario un mail o dos por semana con los nombres de las personas que firmaron esa petición, con lo cual puede recibir un mail con 10.000 nombres”, agregó Wright.

“Si una señora que fue atropellada por una moto en una bici-senda se anima a crear una petición para aumentar las multas, lo escucha la legislatura después de haber conseguido 15.000 firmas en pocas horas y le responden, eso da cuenta del poder que tiene el ciudadano cuando aglutina a otros ciudadanos en algo propositivo”, asegura Wright.

Crecimiento exponencial

En los últimos dos años Change.org ha tenido un crecimiento exponencial llegando a los seis millones de usuarios activos en España, cuatro millones en Francia, cerca de cinco millones en Inglaterra y tres en Italia.

En enero de 2013 en Argentina había 160 mil usuarios.

“En un período de un año y medio pasamos a tener dos millones de usuarios. 

Apuntamos a llegar al 10% de la población para el próximo año que serían unos cuatro millones de usuarios”, explica Wright.

El concepto de “usuarios activos” refiere a personas que en el plazo de un mes y medio realizan algún tipo de actividad (sea firmar o crear una petición) al menos una vez.

La amplificación de redes y medios

Las redes sociales y los medios de comunicación tradicionales han sido, en el caso de Argentina, una herramienta sumamente eficaz para potenciar el 

impacto y en muchos casos el resultado de las peticiones ciudadanas.

Quienes realizan las peticiones son en su inmensa mayoría ciudadanos como cualquier vecino que podríamos tener, e incluso nosotros mismos. Por tanto “que una persona logre determinado cambio porque consigue una cierta cantidad de firmas, y logra que algún funcionario o alguna empresa responda, es una noticia”, aseguró Wright.

Del mismo modo, redes sociales como Facebook y Twitter pueden ser multiplicadores sumamente potentes. Tal fue el caso de Victoria, una Argentina que llevaba cuatro años esperando para cobrar la pensión por el fallecimiento de su marido. Victoria lanzó una petición en Change dirigida al gobernador de la Provincia de Buenos Aires, Daniel Scioli, agregando al final el signo de @ y el nombre que lo identifica en Twitter, con lo cual “cada vez que una persona firmaba la petición y la compartía un Twitter, mencionaba al gobernador”, cuenta Wright.

Finalmente Victoria logró gracias a la presión de las 32.125 firmas recolectadas, la repercusión en los medios y redes sociales, que le abonaran sus cuatro años de pensión atrasados. 

Más casos de éxito:

Clienta de Burger King de Buenos Aires, luego de observar la dificultad de ancianos y discapacitados para ascender las escaleras camino al baño, logra con una petición en Change que la empresa instale baños accesibles en sus cinco locales, cumpliendo así con lo que exige la Ley de Accesibilidad.

“Esto muestra como la persona que realiza la petición no tiene por qué estar vinculada a un tema específico. En este caso, la conexión con el problema fue el momento en que vio cómo la gente mayor tenía que subir esa escalera”, explicó Wright.

Grupo de madres con hijos diabéticos consigue luego de algunos meses que se apruebe y reglamente Ley de Diabetes en Argentina, pese a la presión de las sociedades médicas sobre los legisladores. La ley posibilitó el acceso a los medicamentos necesarios para los niños diabéticos.

Revista Ciudad Sustentable

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